Subcultura y filosofía
Soy filósofo de vocación y fan de nacimiento. Llevo en la sangre esa pasión irrefrenable por todas aquellas expresiones artísticas que Cels Piñol catalogó como "subculturales" en su obra Fanhunter: cómics, rol, wargames, CI-FI, manga etc... En este blog tengo intención de hacer reflexiones filosóficas mínimamente coherentes de diferentes obras subculturales
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Las sitcom, la manipulación mental y la educación
Conforme han pasado los años y he madurado como telespectador he identificado cierta cantidad de patrones y clichés que con el tiempo han conseguido enervarme desmesuradamente y provocarme una violenta alergia hacia la mayoría de seriales por el simple hecho de tener la sensación de ver siempre lo mismo, de estar presenciando año tras año los mismos chistes, los mismos enredos y las mismas tramas con diferentes actores y escenarios.
Series que antaño me mantuvieron como a tantos otros delante de la televisión como Apartamento para tres, La niñera, Padres forzosos, Matrimonio con hijos, Cosas de casa o Alf ahora me resultan terriblemente aburridas, tópicas y moralistas.
Aún así no es su falta de originalidad generalizada (con ciertas excepciones, claro está) lo que más me disgusta, ni sus personajes de cartón piedra estandarizados (el empollón, la rubia, el padre despistado, la madre maniática, el guapo, el gracioso…) sino sus esfuerzos dogmáticos de moralizar y dictaminar lo que es bueno y malo. La gran mayoría de sitcoms clásicas pretenden ser algo más que simple entretenimiento, pretenden educar al telespectador y hacerle equiparar la realidad con la ficción mostrada. No es simple casualidad que todas muestren unos patrones tan parecidos y unos argumentos tan similares, es la forma que tienen de “educarnos”, por repetición, por bombardeo masivo y constante de estereotipos, prejuicios y chistes.
Tampoco es que quiera amargar al lector con una sarta de elucubraciones paranoides, quejas y pataletas, pero necesitaba descargar un poco de bilis acumulada por mi general desencanto ante el sabor a refrito y a telebasura del que hacen gala la mayoría de nuestros canales de televisión. ¡Bueno! Ya que he empezado descargaré un poco más de odio en dirección a las sitcom españolas, que no solo pecan de perpetuar los mismos gags y de copiar (en algunos casos literalmente) algunos guiones sino que además tienen la horrible costumbre de alargar las series de éxito hasta el punto de desvirtuar y echar a perder lo poco que tenían de divertidas u originales. Series como Siete vidas, Los Serrano o Aída han acabado por dejar por los suelos los logros conseguidos en sus primeras temporadas a base de repetir chistes hasta la saciedad, alargar y destrozar la historia por negarse a terminarla y destruir su intrínseca originalidad al desaparecer casi por completo el elenco de personajes protagonistas y sustituirlos por nuevos personajes que no aportan nada decente.
En una ocasión leí que el secreto en televisión consiste en repetir siempre lo mismo. En verdad el telespectador medio no quiere que lo sorprendan con argumentos valientes, chistes nuevos o personajes realmente profundos, sino que prefiere que lo distraigan con las mismas comedias una y otra vez, anestesiado por un humor enlatado ajeno a la verdadera realidad del crudo mundo que existe más allá de la pantalla.
Cual teoría conspiratoria surgida de una mente senil y paranoide me pregunto si el alud de sitcoms mediocres que nos han bombardeado el cerebro a diario durante décadas no es un arma más de manipulación mental, confundiendo nuestros sentidos, entumeciendo nuestro juicio y destruyendo nuestro criterio. Telecinco, Antena 3, MTV, Disney Channel. FOX… ¿no serán estos canales (entre otros muchos) uno de los grandes problemas de la sociedad actual? Crean falsos estándares de normalidad, generan prejuicios enmascarados en gags cómicos y provocan modas y gustos que sustituyen valores morales indispensables.
En una época en la que los pilares básicos de la sociedad occidental se tambalean con violencia es bueno que nos paremos por un momento a pensar en qué nos ha estado enseñando la televisión toda nuestra vida, entendiendo a la televisión no solo como el aparato que nos procura cierto entretenimiento, sino como la ventana al mundo que invade nuestros hogares cada día una media de tres horas como poco.
El papel educador de la televisión es algo obvio, es palpable desde la más tierna infancia y, por lo tanto, sus contenidos son lecciones morales, sobre la vida, sobre el mundo, sobre todo lo que nos rodea, que se implantan subliminalmente en nuestro interior. Los detractores de esta postura dirán que “nadie está obligado a ver y a creer lo que transmite la televisión”, pero en mi opinión el hecho de que la mayoría de hogares del mundo tengan un televisor es argumento más que suficiente para demostrar lo contrario.
Demostrado el valor educacional de la televisión centrémonos en las comedias de situación, ¿Qué nos enseñan? ¿Qué nos han inculcado a lo largo de los años con insistencia y repetición?
Si nos fijamos primero en las comedias adolescentes vemos que crean una marcada distinción entre lo moderno, cool y divertido y lo responsable, juicioso y serio. El protagonista acostumbra a ser un tipo gracioso, popular, vago y oportunista, siempre pendiente de aprovechar la ocasión para sacar tajada, gastar una broma o crear conflicto. Los empollones son unos pringados, son objeto de abusos y burlas, dan completamente igual sus esfuerzos en los estudios puesto que en verdad lo único que desean es ser igual que el protagonista. Los deportistas son tontos y por lo general unos matones que tienen éxito con las chicas. Las chicas por su parte (si no son empollonas) son unas brujas criticonas obsesionadas por la moda que no dejan de suspirar por el chico guapo de turno. Diferentes modalidades de estos estereotipos sitúan el peso del protagonismo en la chica (deseosa de ser popular y encajar) o el empollón (deseoso de encajar y ser popular). ¿Creéis que el hecho de que los personajes mínimamente responsables, trabajadores y estudiosos sean sistemáticamente ridiculizados fomenta entre la juventud los valores del esfuerzo, la constancia y la superación? ¿No creéis que el hecho de que las chicas de las series estén constantemente pendientes de su aspecto, de ser populares y de gustar a los chicos fomente un marcado amor por la superficialidad que dista mucho de los valores de la lucha feminista? Curiosamente las series enfocadas para los jóvenes hacen un especial esfuerzo en matizar la importancia de la popularidad y el aspecto físico en detrimento del auténtico desarrollo personal. ¿Realmente son temáticas apropiadas para los extremadamente influenciables adolescentes? ¿No les crean este tipo de series una percepción distorsionada de la realidad? A mi parecer todo huele a lobotomía, a reeducación para transformar a los jóvenes en ávidos consumidores de ropa de marca y todo despropósito de artículos que les hagan creer mejores y más populares por el hecho de poseerlos (coches, cremas, perfumes, joyas…).
Tomemos un nuevo ejemplo, esta vez en la sitcom más tradicional, la familiar. En este tipo de serial se procura tomar como familia protagonista una típica familia del país de emisión. La más característica, la americana. ¡Y cómo nos gustan los americanos! Papá acostumbra a ser un entrañable regordete que trabaja muchas horas y cuando llega al hogar los problemas se le acumulan. Mamá es un ama de casa estricta y maniática que dirige la casa con puño de hierro, sermoneando y castigando por igual al marido y a los hijos. Los hijos por su parte son diversas modalidades de los jóvenes de las sitcom adolescentes o críos más pequeños y adorables que hacen las delicias del espectador con todo tipo de monerías y que actúan con más cabeza y sensatez que los adultos. Por supuesto existen diversas variantes, el padre es el estricto al que todo el mundo ignora, la madre es la cándida y adorable esposa etc… El resto del reparto lo conforman los vecinos, que acostumbran a cubrir el resto del espectro demográfico estereotipado: El negro/indio/asiático/latino, el soltero fiestero, el gorrón, los viejos cascarrabias, el matrimonio joven… Las tramas por supuesto no tienen desperdicio alguno. La premisa por norma general acostumbra a ser algún tipo de fechoría, sorpresa, confusión o secreto que provocará irremediablemente una sarta de mentiras, engaños y ardides hasta llegar al clímax final donde se destapará irremediablemente el complot con la consiguiente regañina, lección moral o moraleja.
En el caso de las sitcom de corte típicamente familiar los mensajes que nos mandan son contradictorios. Por un lado enfatizan hasta el aburrimiento la importancia de la unidad familiar mientras por el otro muestran como entre los personajes, capítulo tras capítulo, se engañan y se manipulan. Esconder los errores cometidos, evitar las responsabilidades a toda costa, abusar de la confianza… son algunas de las lecciones más llamativas que se hacen hueco en nuestro córtex cerebral.
Muchos pensareis “oye, la moraleja final es justamente todo lo contrario a lo que estás diciendo”. Es cierto, de eso no hay duda alguna. Pero pensad un momento, ¿qué es lo que más recuerdas de un capítulo de este tipo?, la aburrida reflexión final o los divertidos momentos cómicos en los que los personajes hacen lo imposible para evitar que los pillen con las manos en la masa de algún endiablado plan que les exculpará de la pena por haber cometido alguna tropelía. No olvidemos que el humor es una herramienta educacional muy eficiente. A todo el mundo le gusta hacer cosas que le divierten, y si ver cómo un marido despistado engaña de mil formas a la mujer para evitar ser reprendido por olvidar el aniversario de boda es divertido… no será para tanto eso de manipular y mentir…
Por supuesto que no estoy atacando a las sitcom con el argumento de que sistemáticamente nos lavan el cerebro para convertirnos en personas zafias, arteras, mentirosas y superficiales. ¡No por favor! Dejo a las asociaciones de padres la tarea de esgrimir ese tipo de argumentos.
Lo que quiero plantear con este breve escrito es que hemos de ser capaces de ver con perspectiva las sitcom. Que estas no son un reflejo fiable de la realidad a pesar de las grandes similitudes y paralelismos. Las comedias de situación son deformadas y exageradas caricaturas de la vida. Divertidas por sus semejanzas con nuestra vida y por lo irreal de sus desarrollos. El peligro que estas conllevan no radica en los valores que subliminalmente nos infunden sino en cómo por desgaste erosionan y flexibilizan los que ya tenemos.
Cualquier persona con dos dedos de frente es capaz de comprender que la mentira y la extrema superficialidad están mal, pero en cambio uno puede volverse mucho más tolerante ante estas deplorables actitudes si durante años se las han estado “vendiendo” a través del fácil y dulce humor. En lo que respecta a personas adultas, coherentes y formadas el “peligro” de las sitcom es este… en el caso de los niños es mucho mayor.
Como diría Helen Lovejoy “¡¿Es que nadie va a pensar en los niños?!”. Los niños están en un proceso continuo de aprendizaje. Todos los valores que los formarán como personas se aprenden de los padres y de los allegados más cercanos. Teniendo en cuenta las horas de televisión que ve el niño occidental medio, unido a unos padres cada vez menos implicados en la directa educación de sus hijos y un sistema educativo en decadencia, nos encontramos con generaciones perdidas, con jóvenes con una bizarra visión del mundo, con unas prioridades absurdas y unos objetivos insulsos. ¡Quien diga que exagero que por favor mire Gandia Shore! Quien diga que no son “toda una generación” que se informe sobre lo que es la Generación Ni-Ni (Ni estudia Ni trabaja).
Muchos factores socioculturales y económicos han provocado el derrumbe de los valores éticos que hicieron del mundo occidental la cultura más poderosa en términos de desarrollo. Hemos dejado en manos de los bancos y las multinacionales el timón de nuestra sociedad. Nos han entumecido el espíritu de lucha, nos han manipulado durante décadas, nos han dado tanto circo que han conseguido que no nos importe que no haya pan para todos.
Para terminar solo me queda matizar una vez más que no culpo a las sitcom de todos los males del mundo ¡ni mucho menos! Pero hemos de ser capaces de comprender que su contenido, su mensaje y sus intenciones van más allá del simple e inocente entretenimiento.
EL VIAJE DE MI VIDA: Capítulo 1.
Tal y como anuncié en mi último post os voy a narrar el que hasta la fecha es el mejor viaje de mi vida.
En abril me casé, por lo que tal y como manda la tradición queríamos hacer un viaje que recordáramos toda la vida. ¿Francia? ¿Italia? ¿República Dominicana? ¿EEUU? ¿Egipto? Todos nos parecían destinos típicos y tópicos para hacer un viaje de bodas. No somos de la clase de gente a la que le gusta apalancarse en la playa dos semanas o patear interminables y agrestes parajes naturales, por lo que ningún destino clásico nos llamaba la atención. Hasta que caímos en la cuenta de que sólo podía existir un lugar donde disfrutar al máximo de nuestro recién estrenado matrimonio: Japón.
DIA 1: Narita-Tokyo, Tokyo-Hiroshima
Tras casi enloquecer en la estación de trenes de Tokyo al comprobar que los carteles con los horarios de las salidas estaban en 4 idiomas diferentes (japonés, chino, coreano y, por suerte, en inglés) decidimos comer en el mismo tren camino de Hiroshima, nos compramos un par de bentos (adjunto imagen) más por lo pintoresco que por lo apetecible .Lógicamente al llegar a Hiroshima nos dirigimos directamente al hostal. J-Hoopers se llamaba y era un lugar encantador por su sencillez. Siguiendo la costumbre nipona no se podía ir calzado por el interior del hostal y nuestra habitación era de estilo japonés: Suelo de tatami, futón en el suelo y un minúscula mesa de un palmo de alta. No había nada más y no necesitábamos nada más, pero de primeras, tras tantas horas de viaje, nos quedamos bastante sorprendidos. Eso no impidió a mi querida esposa caer en coma durante 12 horas justo en el momento de tumbarse en el futón. Yo por mi parte me di el gusto de disfrutar de la brisa de la noche de Hiroshima mientras me fumaba el primer cigarro tras 25 horas de abstinencia.
El primer día en Japón había sido extenuante y confuso. Llegamos a las 6:30 de la mañana a Narita y hasta las 17:00 de la tarde no llegamos al hotel. Todo fue una vorágine de papeleos (aduanas, Rail Pass…) estaciones de tren y tranvías. Sólo en la oscuridad de la noche, mientras paseaba por la azotea del hostal disfrutando de una merecida dosis de nicotina me di cuenta de todo lo que había visto durante toda la locura del día pasado: El futurista tren bala, tranvías tremendamente viejos pero increíblemente limpios, estaciones de tren con innumerables restaurantes y tiendas, pueblos de postal con sus casas de arquitectura típica japonesa, bosques de bambú… ¡Por fin estábamos en Japón!DIA 2: Hiroshima – Miyayima, Osaka
| Cúpula de la Bomba Atómica: El edificio más cercano al epicentro de la explosión que quedó "en pie". |
Tras el museo nos fuimos al pintoresco pueblo de Miyayima, donde se encuentra una de las “postales” más típicas de Japón, el tori gigante en medio del mar al que se puede llegar cuando baja la marea. Un ferry nos acercó a la costa más cercana al tori donde una ajetreada multitud de tiendas de recuerdos y restaurantes te dirigía irremediablemente al mirador donde hacerse la foto de rigor. Paseamos por el primero de los muchos templos que vimos durante el viaje y así tuvimos nuestro primer contacto directo con el budismo más auténtico.
Comimos en un típico restaurante japonés regentado por una anciana y su (perezosa) nieta. Dos deliciosos katsu-don (arroz con cerdo rebozado y huevo) nos quitaron de golpe cualquier atisbo de miedo o duda respecto a nuestra alimentación durante las siguientes semanas.
Coming soon…
Dentro de nada me voy de viaje a Japón. Exploraré las tierras niponas junto a mi esposa (aún me suena muy raro eso de esposa!) en busca de la iluminación, la sabiduría y los artículos más frikis y bizarros que podamos encontrar.
A lo mejor a la vuelta escribo un artículo resumiendo el viaje y contando los momentos curiosos o culturalmente diferentes. Así también descansamos todos un poco de la densa carga filosófica.
Otro tema, estoy colaborando con la revista Nosolofreak con un artículo mensual relacionado con la temática del mes. Os dejo el enlace:

Finalmente decir que estaría encantado de que en este mismo post dejaseis vuestras sugerencias de temas a tratar. No es que vaya falto de ideas, pero uno siempre busca inspiración y por supuestos contentar a todos los que me leáis. Así que si queréis que hable de algo en concreto decidlo y lo tendré en cuenta.
Batman y el concepto de Revolución social
Tras el irremediable visionado de The Dark Knight Rises no he podido evitar el aprovechar la oportunidad de escribir un artículo relacionado con el mítico Caballero Oscuro.
Antes de empezar tengo que señalar que me limitaré a hacer referencia a la historia y personajes de la saga de películas del director Christopher Nolan: Batman Begins (2005), The Dark Knight (2008) y The Dark Knight Rises (2012). De esta forma el texto y las referencias serán más accesibles para todos aquellos no versados en las peripecias del Murciélago en sus 73 años de historia.
Estas películas tienen algo en común en lo que a sus villanos se refiere: Tanto Ra’s al Ghul, como el Joker o Bane no son los clásicos malvados que buscan enriquecerse salvajemente o realizar alguna clase de macabra y sangrienta venganza, son antagonistas que quieren destruir, cada uno a su manera, el modelo actual de sociedad y redefinirlo según sus propios ideales.
En The Dark Knight el villano principal es el Joker (interpretado por un brillante Heath Ledger). El carismático payaso inicialmente se asocia con la mafia para eliminar a Batman y permitirles así volver a enriquecerse impunemente a costa de la ciudad. Pero pronto se ve que los planes del Joker van más allá del dinero. Con una mezcla de locura, sadismo, planificación y armamento pesado consigue poner en jaque a toda la ciudad y al propio Batman. Sus macabros juegos ponen paulatinamente a prueba la moral y la integridad tanto de Batman como de Gotham. Tenemos que esperar al final de la película para apreciar su verdadero objetivo: Crear un estado de anarquía y caos absoluto. Desea derribar a base de explosivos los pilares morales de la sociedad, minando la fe de los ciudadanos en la capacidad del gobierno y las fuerzas del orden para protegerlos y de esta forma relegarlos al estado más básico de la humanidad, la no-sociedad, el mundo sin ley ni orden, la guerra de todos contra todos. Solo gracias al baluarte de esperanza que simboliza Batman se consigue detener de forma física al Joker, pero es de forma moral la mayor derrota que sufre éste carismático villano, al comprobar como el pueblo de Gotham se niega a participar en su macabro juego. En una tensa y muy emotiva escena tanto el barco cargado de civiles como el barco cargado de criminales se niegan a hacer explotar a la embarcación contraría para salvar sus propias vidas, demostrando una entereza increíble para sorpresa del Joker.
En The Dark Knight Rises el antagonista consigue su objetivo. A diferencia de Ra’s al Ghul y el Joker, Bane (interpretado por un carismático Tom Hardy) consigue instaurar con éxito un Estado propio. En una maniobra estratégica extraordinaria suprime en un solo golpe a todas las fuerzas armadas de Gotham enterrándolas bajo tierra, dejando así la ciudad a su merced, además tras un combate singular y desigual aplasta a Batman y lo deja confinado. Para terminar de rematar su victoria Bane se hace con un artefacto nuclear y bajo la amenaza de hacerlo explosionar evita que nadie pueda entrar o salir de la ciudad: Su victoria es total. A pesar de ser una enorme masa de músculos Bane es un estratega brillante y un líder carismático. Justifica todos sus actos a partir de la similar idea de Ra’s al Ghul de purgar a la ciudad de todos sus males. Políticos, banqueros, jueces… todos los ricos y poderosos de Gotham son drásticamente destronados y juzgados en una burla de juicio presidido por Jonathan Crane (alias “el Espantapájaros”). Bane libera a todos los presos y los convierte en la nueva autoridad de la ciudad. En ningún momento busca la anarquía o el caos, sino “hacer limpieza” e instaurar un nuevo orden bajo su retorcido ideal de justicia. La despiadada sombra de la
Liga de las Sombras y de Ra’s al Ghul sigue flotando sobre la ciudad, puesto que el artefacto nuclear robado hará explosión tanto si se siguen las condiciones marcadas por Bane como si no. Es en esta última película donde vemos el mensaje más directamente anti-sistema. Bane no deja de arengar a sus fieles seguidores sobre lo podrida que está Gotham. Sus discursos sobre revolución y cambio son contundentes y llegan a humillar la férrea convicción de Batman de proteger la ciudad.
Ra’s al Ghul, el Joker, Bane… tres grandes villanos que a su retorcida manera intentan destruir el sistema de gobierno establecido. Como hemos visto cada uno tiene su justificación, pero el objetivo es el mismo. En el mundo en que vivimos, con la dramática situación económica en la que estamos, quien más o quien menos ha tenido dudas de que el modelo de gobierno, el modelo económico o el modelo de Estado sea el correcto. ¿Pero entendemos bien qué es y qué simboliza el concepto de Estado?
Thomas Hobbes en su obra Leviatán teorizaba con el hecho de que el ser humano en su estado mas natural es libre e independiente, pero esa misma libertad provoca que se viva bajo el peligro constante de caer en la guerra de todos contra todos (bellum erga omnes), sin una autoridad que nos gobierne nada ni nadie nos impide robar, asesinar, violar… según él “el hombre es un lobo para el hombre” ( Homo homini lupus), en relación a las atrocidades que puede llegar a hacer el ser humano cuando está descontrolado. Es por esto que se crean los Estados, para protegernos de nosotros mismos.
Pero a pesar de que el Estado nos protege de nosotros mismos a través de las leyes y nos procura una vida en mayor o menor grado digna, ¿quién nos protege del Estado? ¿Quién juzga cuando el Estado está abusando de sus habitantes? En “El Manifiesto Comunista” Karl Marx y Friedrich Engels postulaban que la historia de la humanidad es sinónimo de la lucha de clases: Esclavos contra hombres libres, vasallos contra señores, proletarios contra burgueses…está lucha constante de los oprimidos contra los opresores es el motor de la historia. Las revoluciones sociales son la única forma real de evolución y como tales son por la fuerza. Ningún poder gobernante cede voluntariamente sus privilegios ante aquellos a los que oprimen, por lo que solo por la fuerza pueden ser derrocados.
Podemos estar más o menos de acuerdo con estas ideas al defender o no la violencia llegado el momento, pero lo que no podemos negar es que la historia del ser humano está plagada de ejemplos que demuestran su utilidad: La Revolución francesa, la guerra de independencia americana o la caída de los tzares en Rusia son algunos de los ejemplos.
Desde este punto de vista podemos apreciar como los villanos de la trilogía de Nolan tienen un matiz revolucionario muy contundente. Está claro que los grandes males de Gotham son casi idénticos a los nuestros propios: Delincuencia, usura, corrupción masiva, pobreza… Batman se enfrenta a estos males descubriendo y deteniendo a los individuos particulares que los provocan: Políticos y policías corruptos, mafiosos, traficantes… ¿pero y si eso es inútil? Como una terrible hidra por cada delincuente que Batman consigue atrapar aparecen dos más que ocupan su lugar.
La pregunta que yo planteo es la misma que, después de unos cuantos años viendo evolucionar la crisis, hacen los movimientos anti-sistema: ¿Y si este modelo de Estado realmente ya no funciona? ¿Y si Bane, Ra’s al Ghul o hasta el Joker no iban tan desencaminados?
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